Presagios Equívocos

Ahora si trataré de ser breve.

Victor Mahana - The Artist

Esta semana Víctor Mahana inauguró su exposición Utopía, en la Galería Praxis. La muestra la viene preparando hace meses y por fin se mostraba, ya abierta, ya completa, en un espacio distinto a la intimidad del Taller donde los cuadros fueron concebidos. Como yo había visto las pinturas días antes, como me gustan el trabajo de Mahana, como aparecía un texto mío en el catálogo, estaba algo así como ansioso por el evento. Aunque nunca tanto.

El mismo martes, después de despedir a toda mi familia que partía de vacaciones, diciéndoles adiós desde la reja de mi casa me quedé un instante ahí de pie, sólo para darme cuenta con pavor, que era el único habitante que quedaba en la casa. Pensé que no les iba a poder mostrar el texto esa noche cuando volviera, pensé que estarían sobrevolando el continente cuando la exposición abriera. Cerré la reja. Anticipé el miedo que vendría sólo horas más tarde cuando todo estuviera oscuro. Simplemente no puedo estar solo. No aquí, en este espacio que se hace enorme cuando se vacía por completo.

Dormí siesta, o salí a pasear, o ambas. Me escapé un rato mientras se iba la tarde, reventaba el sol en el cielo amarillo. La Consuelo llegó mucho antes de lo que me había dicho. A las siete. Todavía no me duchaba. Le abrí la puerta en pantunflas. Tenía olor a crema. Me duché y ella esperó en mi pieza hojeando alguna revista, hablando por celular, echada en la cama con la Olivia. Me puse mi bufanda nueva. Pensamos en caminar hasta Praxis pero hacía frío. Estacionamos el auto cerca del Museo de la Moda.

La exposición se sucedió rápido. Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Aún así. Hubo copas de vino tomadas en mis manos. Hubo un catálogo con su papel suave sujeto en mis manos. Luego lo dejé en mi bolso. Hubo otras manos agitando a presión mis manos, confirmando saludos. Estuvo mi mano apoyada en el hombro de la Chiqui cuando llegó tarde. Hubo una cámara con la que disparé fotos, siempre en mis manos. Hubo cosas que apunté con el dedo en aire mientras hablaba y hubo momentos en que me llevé la mano a la cara para dejarla ahí mientras escuchaba a otro hablar.

Después me llevé las manos a los bolsillos y nos vinimos con un grupo a mi casa. Tomamos martini rosado. Una botella cada uno, ahora que lo calculo, con la Chiqui. Guau, no estoy nada orgulloso de ese cálculo. Conocí a la Cata y me reí, me dio gusto que estuviera sentada en el living de mi casa. Luego Pablo y la Fran en el sillón blanco. Llegó la María Ignacia que se contagió con el silencio del Jose y no habló nada en toda la noche. Le hice un té a la Esperanza, que sí habló.

La Consuelo cocinó para todos. La Chiqui leyó la columna de los actos de sanación mientras la escuchábamos en silencio. Pensé que nadie iba a opinar. Horas después, la Cata se caería en la puerta de la casa, e incluso después escribiría una entrada en su blog, plataforma que ella piensa como una Isla. Escribiría acerca de los actos de sanación. O acerca de la noche, imposible saberlo con exactiud. Quizás la noche fue, en sí, un acto de sanación.

La exposición anterior del Víctor, hace más o menos un año, se llamó La Isla. Es una de las exposiciones que más me ha gustado en mi vida. Esa y la muestra permamente del museo de Picasso en Paris. Que siútico, pero es así. Así es la cosa con los gustos, antojadiza, inexplicable. Vuelvo a la Isla. Un año atrás. Cómo empezar a recordar esa noche. Cómo abarcarla en un recuerdo cuando fue enorme.

Hay fotos. De esa noche hace un año y de esta noche de la que hablo ahora. Pero por más que exista ese registro, es imposible aprehenderlos. Los tránsitos entre un año y el otro, digo. Ir y volver con la memoria a esa noche y a esta, recorriendo las capturas de una cámara. No es un viaje real. El año no es el mismo. Es otra la noche.

Pero no es de esto de lo que quiero hablar. Quizás sea mejor hablar de las pinturas de Utopía. Hay algo de ficción en escribir un texto para una exposición cuando aún no está montada. Quizás el catálogo se podría ir escribiendo durante el tiempo que dura la muestra y no antes. Aún así, el hecho de escribirlo previo a la inauguración anticipa el fracaso de la operación inversa de recordar, que es preveer.

Pero de todas maneras, el texto, se escribe. Y así como falla el intento del anticipo, porque la exposición que imaginé no es esta, si no otra, falla también la idea del recuerdo. Del recorrido un año atrás. Y no es que una vaya a ser mejor que la otra. No es que la exposición que imaginé fuera peor o mejor. Es que simplemente, son otras, impredecibles, las realidades que finalmente siempre se imponen.

3 comentarios para “Presagios Equívocos”

  1. C. con botita glamour Dice:

    Juano,
    Me dio gusto estar sentada en tu living.
    Me dio gusto conocerte,
    Me siento feliz por conocerte, por compartir y compartirnos.
    Quizás la noche fue de sanación, debo reflexionar sobre eso…
    Quizás todo lo que hacemos para mejor, tiene algo de sanación. Quizás esa noche tuvo “la caída” como broche de oro de un evento que, sin el accidentado final, habría sido practicamente perfecto!
    Me gustan las islas porque tienen que tender puentes para comunicarse; me gustan porque a veces me siento sola en un inmenso océano, Hoy me gusta pensar que nuestras islas se comunican, compartiendo presentes comunes e imaginando años venideros.
    No sé cuál era la exposición que esperabas. Ciertamente yo no esperaba nada. Pero más que nada, no esperaba nada de lo que pasó esa noche.
    Así, a un año de esto, podrás también recordar, recordarnos, recordarme y seguramente reir!

  2. Rodrigo Ferrari Dice:

    y los feeds?

  3. juanose Dice:

    Qué son los feeds? Soy nuevo en esto.

Escribe un comentario