Nada

Intentaré ser breve.

Kenita

Intentaré ser breve aún cuando ya se trata de un asunto menor. Menor, digo, por decirlo de algún modo, porque quizás se trata de nada. Partamos por casa. El fin de semana, abiertamente perdí el tiempo. Me dediqué a eso. Descaradamente. Dormí, salí, me acosté tarde, no me levanté nunca, comí más de lo que debía, vi películas en cama, recorrí lentamente los canales de la televisión por cable y al final, lo rescatable: es nada. O nada mucho.

Algunas luces. Una escena de V for Vendetta en que Natalie Portman encuentra la carta de Valerie escrita en papel confort, el testimonio de la persecución a una actriz lesbiana a comienzos del régimen totalitario en que se desarrolla la película. La carta induce a Evey (Portman) a resistir a las presiones de la tortura y el encarcelamiento al que está sometida. Se manifiesta así, en ella, el cambio. Notable y bellísima. La secuencia se puede ver acá

Luego. Otros momentos fuera de la pantalla. Haber escuchado a la Dani contar cómo fueron sus vacaciones en Easter el sábado, imaginando algunas cosas, preguntándole otras. Comer carne con la mano (esa delgadita) en el asado del Víctor y después chuparme los dedos. Intentar cantar algunas canciones que oí mientras flojeaba solo en la casa. Un momento en que iba manejando por la Costanera, también con música, también solo. No sé. Pequeñas cosas. Pero nada mucho. Todo se evapora muy luego cuando uno duerme mucho.

El asunto es que hoy, ya despierto, ya sacudido de este ocio asqueroso, me levanto temprano. Desayuno, me ducho, con ánimo acumulado para realizar las primeras tareas del día y sorpresa. Una pequeña columna en la sección de espectáculos de El Mercurio. Una columna dedicada completamente a Kenita Larraín (que no sé si es oficialmente con K o con Q, la gente que se autodenomina con pseudónimos debiera tener un fundamento para esto). El contenido de la columna es ya algo cuestionable, latero, innecesario, pero ésta en particualar supera cualquier cuota mínima de tolerancia.

O superó, por lo menos, la que tenía yo en la mañana.

La leo una vez. Nada. La leo de nuevo, nada otra vez. Nada, nada, nada. La columna relata los dichos de Kenita para un portal peruano conmemorando las fiestas patrias de ese país, donde esta chica es una especie de celebridad. Ahora cito textualmente: “Preocupada por la situación limítrofe, la ex de Marcelo Ríos aprovechó de alabar la comida peruana y de filosofar: “la unión hace la fuerza”, dijo para alentar a terminar las diferencias“. Por favor, léelo de nuevo.

Preocupada por la situación limítrofe, la ex de Marcelo Ríos aprovechó de alabar la comida peruana y de filosofar: “la unión hace la fuerza”, dijo para alentar a terminar las diferencias“.

No es por ser apocalíptico pero, ahí no hay nada. NADA. O quizás más preocupante, esa nada forma parte de una columna impresa en un diario de difusión nacional. Entonces ¿Cuál es la verdadera situación limítrofe aquí? Kenita está en el abismo de la credibilidad desde… siempre, a veces sólo basta verla para desconfiar de ella y aún así, la prensa cubre las ocasiones en que ella cree necesario filosofar. FI-LO-SO-FAR. So far, Kenita.

Primero reconocí en la columna, cierta ironía. Poner en una misma frase las palabras Kenita, limítrofe y filosofar no podía ser pura casualidad, pero luego ¿La ironía hace que esta noticia pase inadvertida, sin reparos, ante la mirada crítica de cualquier lector promedio que ya está hastiado de esto? Digo ¿Basta con eso? ¿Empatizamos con la posible burla con la que se nos relatan los hechos y creémos que es suficiente inteligencia reírse de esta tontera? Cuando no lo es. No es suficiente. Cuando se hace insostenible seguir soportando esta nada que llena y llena las columnas de espectáculos.

Cuando el humor, la ironía ya no bastan para sobrepesar el asco que rodea a personajes como María Eugenia Larraín. Si existiera la posibilidad de elegir entre esta columna impresa con foto a color, versus un espacio en blanco, en medio de la página de Espectáculos, de El Mecurio, prefiero el rectángulo blanco. A la hora del desayuno, un lunes. Prefiero el blanco. Como un respiro. Como un aire. Como la señal de que algo está mal. O que por lo menos, se puede obviar, o manifestar haciéndolo gráfico, este pequeño pedazo de nada.

4 comentarios para “Nada”

  1. Fran Dice:

    Es Kenicagando me hubiera podido leer la columna entera…. Por eso, mereces mis felicitaciones !
    Te seguí de Flickr, y porque la Cata me dijo que eras simpático!
    Os invito a visitar mi blok!

    Saludos

  2. urbatecto Dice:

    pues mas allá de la primera impresión que tuve de tí -que fue algo negativa para serte muy sincero- debo reconocer que me has sorprendido con tu forma de escribir… sin ser yo un lisonjero y tu una eminencia, tus frases cautivaron mi atención por largo rato sin la necesidad de grandes acrobacias o excesiva ironía… en pocas palabras un equilibrio más que digerible, casi necesario. se agradece.
    un saludo.

  3. C. con botita glamour Dice:

    Coincido con la Fran, amigo mío.
    No habría podido leer la columna entera… que espíritu tienes!
    Además que hay que insistir que las palabras “Kenita” y “limítrofe” en el mismo párrafo no solamente aplican para los problemas de Relaciones Exteriores, se entiende?
    ¡Dios Mío, qué mujer!
    Un beso cojo
    C.

  4. Gabriel Dice:

    Me carga, no desaparecerá hasta que no se haga un esfuerzo colectivo por no darle tribuna.
    Hace unas semanas caminando por providencia vi una camioneta gigante, roja, muy bling bling, rayando entre un hummer y una SUV, no aminorando la velocidad mientras yo cruzaba un paso de zebra. Miré feo hacia el conductor, pensando para mi mismo lo ridiculo y frecuente que es constatar que el tripulante de monstruos vehiculares de tales proporciones sea un “ser” bien mínimo y poco proporcional respecto al auto. Cuento corto, tras mirar feo hice una mueca de “ew” y logré hacer contacto visual con la conductora, que resultó ser nada mas y nada menos que María Eugenia Larraín.

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