Comestibles de Invierno

Agosto 10, 2007

La brevedad es ahora un asunto alimenticio. 

César Pollo 

Ya no puedo comer como antes, porque ahora engordo. Antes mi dieta era pésima: había días en los que no desayunaba, o desayunaba un vaso de coca-cola. Había semanas en que almorzaba completos todos los días, y les agregaba tres paquetes de cheetos en la tarde. Había noches en las que me repetía el plato y así, desajustes. Llega un momento en la vida de todo joven ya no tan joven cuando el cuerpo ya no resiste sin engordar. Mi tragedia comenzó el año pasado, cuando de pronto ya habiendo dejado el cigarro, fue invierno. Engordé 10 kilos. Lo pasé pésimo.

Luego los bajé, con MUCHO esfuerzo y vino el verano y me sentí bien, me sentí capaz de cumplir con mis propósitos y me sentí cómodo otra vez, sin un bulto pesado en la guata. Sano, tranquilo. Pero hoy, la historia se repite otra vez. Fríos y lluvias que me reducen a la casa: el cuerpo se estanca. Todo lo que puedo ingerir, se vuelve inmediatamente visible.

Entonces, lo más lógico es reordenar el régimen alimenticio. Radicalmente. O no tanto. Repensar las cantidades, las frecuencias y las necesidades. Tampoco soy un mamut, así que no necesito tanto para mantener el cuerpo funcionando. Me hice, hace unas semanas, un modelo de comida diaria:

Desayuno

  • 1 vaso de leche
  • 1/2 bowl de yogurt con cereales
  • 1 uno al día
  • 1 fruta

Almuerzo

  • 1 bowl grande de ensaladas
  • 1 bowl chico de sopa
  • 1/2 porción de lo que haya de almuerzo, alguna proteína 
  • 1 fruta

(Sí, hora del té y no Once)

  • galletas de cereal (medio paquete)
  • 1 vaso de leche
  • 1 yogurt

Comida

  • Repite la lista del almuerzo, ojalá sin la proteína.

Además de eso, puedo comer todas las barras de ceral que quiera. Eh, ya. No hay nada apasionante en esa regla. De hecho, ahora la leo y pienso que mi lista es una lata. Que en verdad no disfruto el momento del almuerzo y que he aprendido, a la fuerza, a quedarme con hambre. Pfff.

Creo que lo más sensato sería comer cosas ricas. Comer chocolates, tomar coca-cola, hacerle caso a las ganas, mandar al carajo la guata, hacer de los almuerzos una ocasión para el placer y no un asunto acotado, pero. Pero. Aún así, a pesar de lo negativo, de lo estricto, estoy más conciente de lo que como. De aquello que entra en mi boca y porqué lo hace. La cantidad de hambre que uno puede tener, es al final un tema realtivo. Relativo por lo menos, cuando tienes delante un plato con lo suficiente. Lo sufuciente, lo necesario si que es una medida más real.

Estar satisefcho también puede ser subjetivo. En fin, a lo que voy es que hay resultados inmediatos, visibles y reales tras ordenar las comidas, aparte de evitar la guata: Las veces en que como poco en la noche, duermo mejor. Si no estoy lleno después de almuerzo, es más fácil recuperar el ritmo de la mañana. Tomar agua me hace ir al baño y moverme y así todo por dentro circula mejor. No sé. Pequeños beneficios a partir de lo breve y suficiente que puede ser algo menor, algo que en el fondo es una pasua: una comida.

Comer, que por agradable, distendido, placentero que sea, es sólo el intermedio, el paréntesis de lo que más cuenta en el día: efectivamente hacer algo.