The Truth is Best

Agosto 6, 2007

Menos mal que no me corté las uñas.

Pieza

Porque después de ver À bout de Souffle (1960) de Jean-Luc Godard este fin de semana, quedé con la sensación de que debía cambiar mi pieza y hubiera sido imposible hacerlo con las uñas recién cortadas. Después de ver a Patricia Franchini preguntarle a Michel Poiccard dónde quedaba mejor el poster de Renoir que estaba pegando en su pieza, comprendí que odiaba todos las postales que tengo en mis murallas. No entendí qué hacían ahí.

Terminé de ver la película enamorado de sus dos protagonistas, pensando que la Juanita Alliende es igual a Jean Seberg (mi propia Jean Seberg) y que con razón María José Viera-Gallo raya con ella, y con el film, y con todo esto que rodea a Sin Aliento. Me quedé con esa escena en la cama, después del sexo, que es sin duda la matriz de la película de Bize y de mucho cine más que vino después de ella. Una escena donde lo único que hay es diálogo. Y desencanto, y complicidad, y sensibilidad y un pequeño mundo entre los muros de la habitación y sus personajes.

Bajé a mi pieza y vi volantes de colores, afiches, recortes, posters. De fiestas en Niza, Paris, Barcelona. Vi que esa multiplicidad cromática y de idiomas que empapelaba los muros de mi pieza, no era yo. Eran agentes extranjeros que poco y nada tienen que ver conmigo. Unos decían Be Lounge, o The Ultimate Beach Paradox, Alive & Mixing, French Kiss. Y lo que leí me causó repulsión. No. No. Mal. ¿Porqué alguna vez los pegué? La mayoría de los flyers me los trajo mi hermana de un viaje que hizo a París el 2003 y en ese entonces debo haber pensado que era taquilla llenar la pieza con volantes de fiestas francesas.

Hoy ya no pienso eso. No es que ahora vaya a poner sólo reproducciones de Picasso como Patricia Franchini en la película, o quizás sí, pero el asunto es que no me había dado cuanta que ya no soportaba más esos volantes de colores, intrusos en la intimidad de mi pieza. Esta mañana decidí sacarlos todos y para eso necesité mis uñas. Por eso digo, menos mal que no las corté. Empecé por la muralla naranja, luego por la azul y terminé en la blanca. Se fueron desprendiendo unos con dificultad, otros inmediatamente. Dejaron, tras de sí, espacios que el sol no había desteñido con su formato exacto, como una sombra. Dejaron huellas de la cinta doble contacto, pero finalmente, desaparecieron.

Mi pieza se ve vacía, extraña. Pensé que iba a quedar todo mudo alrededor, ya sin la posibilidad de leer inconcientemente las frases escritas en los flyers, por eso las anoté todas y les hice un post, que está justo abajo de este. Es una lista de todo aquello que sin querer, leía a diario cuando despertaba, cuando trabajaba, antes de dormir. Frases, anuncios, fechas que memoricé y repetí como con la extraña necesidad de aprenderlas. Ahora no hay nada ahí. Quizás pinte todo blanco otra vez, o deje las huellas de la presencia de estos volantes. No sé. Pero veo que es más real así. Así.

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There’s no need to lie. It’s like poker. The truth is best. The others still think you’re bluffing, so you win.

Michel Poiccard en À bout de Souffle.


PERLAS

Julio 21, 2007

Ok. Trataré de ser breve.

Phoenix as Cash

Esta semana, después desisitir en la búsqueda de algún título que me gustara en la reducida lista de arriendos de dvds en Moviebank, y tras odiar la interfaz de búsqueda que tiene su página web, decidí volver al tradicional Blockbuster de barrio, donde no tengo deuda como en Bazuca. Aparte de encontrarme con Patricia Olivarí arrendando algo así como seis películas de estreno que seguro no verá, pero dirá que vió, creo que Blockbuster tampoco es una maravilla, el de Vitacura por lo menos. Además de la sección de interés especial, que no entiendo a qué se refiere, no hay mucho donde elegir. El recorrido por sus pasillos, es más bien corto. La gran mayoría de los estantes son estrenos lo que no significa que sean buenas películas, si no simplemente, nuevas. Estratégicamente funciona, pero si lo pensamos como una decisión curatorial, resulta extraño. El concepto de vitrina se impone por sobre el de videoteca. Además, cojea, sobre todo si en la sección de DRAMA me encontré con títulos del tipo Coyote Ugly.

En fin. Arrendé Walk the Line, un poco porque tenía ganas de ver un musical y un poco porque creo que Joaquin Phoenix es uno de los tipos más sexys (y si digo sexy y no guapo porque creo que en este caso realmente se aplica) de Hollywood. La vimos con mi padrastro antes de que partiera a Miami. Él la encontró sólo una peliculita menor, seguro porque horas antes había visto Primavera, Verano, Otoño, Invierno y Primavera otra vez. Le doy crédito por eso. No hay nada taoísta en la vida de John Cash. Aunque quizás compartan la conciencia de redención con la película de Ki-duk Kim, Cash finalmente se pasa todo un poco por el culo. Su proceso, no es interno. Se ve obligado a realizar un acto de sanación, arrinconado en un estado de límite de cordura, impulsado por agentes externos (que lo aman) y no por un llamado urgente que nacería de su propia voluntad y observación (con un afán de renovación) fruto de un arranque de ego, como en el Monje de la otra película.

De todas maneras, Walk the Line está anotada en mis libros desde ahora en adelante, como una buena película. Tiene una fotografía impecable y el guión se desenvuelve bien, sólido a lo largo del film. Hay pasajes logradísimos. Sobre todo el de la infancia de Johnny y algunos momentos de camaradería con los otros cantantes en el tour. El asunto es que, después de haberla visto me puse navegar por IMDB buscando datos del soundtrack para bajar Time’s a Wastin’, el primer dúo que cantan Johnny & June. Primera sopresa, la canción no está incluída en el soundtrack. Mal. Quizás se trata de un asunto de derechos de autor. Si bien no es un tema emblemático de la pareja porque June Carter lo lanzó a la fama junto a su ex marido Carl Smith, es uno de los momentos musicalmente más notables de la película.

Esa escena de la película se puede encontrar en youtube, y si tengo que dar un consejo es: véanla. Lo que si me llamó la atención es que en la trivia de Walk the Line, Joaquin Phoenix aseguraba en una entrevista para promocionar la película, que el mismísimo Johnny Cash lo habría elegido para representarlo tras ver su actuación en Galdiador. Ya. Pero lo primero que pienso es ¿Quién no quisiera que Joaquin Phoenix lo interpretara después de haberlo visto bajar el dedo temblando, en el Coliseo lleno de furiosos romanos, interpretando a Commodus? ¿A quién no le removió algo esa interpretación?

Entonces. Gladiador, Phoenix. Ese es, simplemente, un papel increíble. Y si lo pensamos, bastante cargado para una película que si bien necesitaba un villano, no requería del grado de perversión con que lo dota Phoenix para funcionar. O quizás sí. Quizás lo que hace a Galdiador una película interesante es justamente, el Emperador. Ambiguo, atormentado, asesino, impaciente, inclemente. A lo que voy, es que hoy, el Commodus de Phoenix se convierte en algo así como una perla. Queda ahí, en medio de la película de Scott, esperando generar reacciones. Quizás inmediatamente, quizás a largo plazo. De esto, nunca tendremos certeza.

Las perlas están ahí. Escondidas entre las cintas, asomadas entre las fotos, insinuadas en los textos. Volcadas sobre las cosas que hacemos, en aquellas ocasiones en que nos manifestamos. 

No es de extrañarse, que el viejo Johnny Cash, sentado en el sillón de su casa en Tennessee, tras haber visto en su microcine particular una proyección de Galdiador se haya maravillado con Phoenix en pantalla y haya querido, así con un poco de mal gusto, con un poco de pretensión que fuera él quien lo interpretara en una película que se tardó  6 años en llegar a buen puerto.

Y de esto Phoenix se entera cuándo. ¿Cuánto tuvo que pasar para que lo pudiera contar en una entrevista? Como un logro, digo. Como algo digno de ser contado. ¿Qué distancia hay entre el momento en que Johnny Cash decide, tras ver Galdiador en que el escogido para protagonizar la cinta de su vida es Phoenix y el día en que, antes que se vaya a Miami, mi padrastro ve Walk the Line conmigo? Años. Películas atrás. Incontables segundos. Mucho tiempo después, en el minuto en que sin aviso se comienzan a cosechar, aquellas perlas que fue arrojadas con cuidado o desprendimiento. Depositadas, esperando ser descubiertas en aquellos recordados y olvidados, trabajos anteriores.